carta a mi amiga silvia

hola amiga mía, cómo ha estado, de todo corazón espero que bien; me imagino que ya no lee de mí, que quizás no me recuerda, que he pasado a ser un pasado muerto; que me ha desechado de entre lo mejor de sus recuerdos… ¿sabe?, fíjese amiga mía, que; he seguido adelante en esta vida, caminando como siempre cuesta arriba, me he cansado mucho ya, y he tenido dificultades impredecibles, de hecho parecía imposible saltar hacia la realidad cuando me dí cuenta de los actos que no podré deshacer jamás… amiga mía, aún la recuerdo, como no tiene idea, muy bonita, muy linda con su alegría y también con su tristeza ¿lo recuerda?, sé que he pasado ser un “otro más” en éste inmenso universo, en donde no somos más que creación de Dios… Bueno amiga mía, quisiera volver a tomar sus manos, oír sus palabras, recibir sus consejos, abrasar su brisa, oler su perfume; caminar con usted… otra vez; pero, es que, algún día, se desvaneció mi esperanza de querer seguir adelante y me desvanecí, siendo hoy yo nada, poco me queda para levantar mi rostro, para levantar mi cuerpo; ya mis palabras suenan baratas, mi corazón no es más que una caja de mentiras e ilusiones recreadas una y otra vez; mis lágrimas dejaron de caer, porque un día mi alma endureció; y mis sentimientos se volvieron fieras, devoran todo afecto; mi alma de acero hoy divaga por el mundo; buscando un sucio contraste para descansar; sí amiga mía; hoy ya no siento dolor; es que estoy sólo; y la soledad me ha dejado frío; y el frío disminuye el dolor; aunque mi ilusión y esperanza se destruyen con potencia, intento poner defensa a la crueldad; trato de salvarme; de escapar a un lugar donde no me trague la oscuridad, pero parece en vano, mi esfuerzo cae al suelo como pluma sin valor pero pesado como una roca abandonada… amiga mía; me hace falta su calor, me hace falta sentir su cuerpo junto al mío, me hace falta un beso, un abraso… de usted… Ya parece amanecer, hoy escapo por los montes, haya donde las montañas son vírgenes aún, para calmar un poco mi dolor; siempre me refugio en cada florcita que recién sale a contemplar la luz, robo un poquito de su ternura, un poquito de su perfume, ese aroma de pureza; y bebo un poquito de rocío por la mañana que en esa plantita aparece, sana mucho mis dolores, y convierte mi corazón en normal; mi entendimiento queda perplejo a enamorarme de tan bella pureza; del aroma de la inocencia, que algún día dolorosamente terminará, se marchitará, se secará, y perecerá hasta el fin. ayer hablé con la tristeza, traté de comprender sus palabras, traté de animarla para que no desfallezca en sí misma; le regalé un…… <>

Escribe un comentario